Sita a 86 Km. al norte de Beirut, Trípoli se erige como la segunda metrópoli de Líbano en número de habitantes, además de constituir el principal puerto y centro comercial del norte del país. Si bien es más moderna que el resto de poblaciones libanesas, su atractivo reside en su historia medieval y la arquitectura mameluca. Esta urbe sobrevivió a la guerra civil en mejor estado que la mayoría de ciudades de la nación, y aún conserva el encanto árabe, con sus callejones estrechos, sus souqs, un ritmo de vida apacible y gente amistosa. Trípoli es famosa, igualmente, por ser la capital dulce de Líbano, y un viaje a este municipio restaría incompleto sin una visita a uno de sus comercios de pegajosos y suculentos dulces.
La urbe cuenta con dos zonas principales: al-Mina (zona portuaria), que se adentra en el mar; y la ciudad propiamente dicha. En el centro se sitúa Sahet et-Tall, una gran plaza donde el viajero encontrará la estación de autobuses, alojamientos y restaurantes. La ciudad antigua se extiende hacia el Este y forma un laberinto de callejones estrechos, animados souqs, baños turcos o hammams, khans, mezquitas y madrazas (escuelas de teología). En este bullicioso enclave, los artesanos trabajan de la misma forma que desde el siglo XIV. Esta localización posee igualmente bellas muestras de arquitectura mameluca, entre las que se cuentan la mezquita Taynal, del siglo XIV, la madraza Qartawiyya y el intrincado mihrab (nicho) de la mezquita y madraza Burtasiya.
Originalmente construida por los cruzados en 1103, la ciudadela de Saint-Gilles domina Trípoli. Gravemente dañada por el fuego en el siglo XIII, fue parcialmente reconstruida en el XIV, y desde entonces ha sido modificada en diversas ocasiones, pero mantiene su esplendor original. En al-Mina, merece la pena visitar la torre del León, único ejemplo que se conserva de un grupo de estructuras construidas por los mamelucos para defender la ciudad.
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