A pesar de contar con menos de un siglo de antigüedad, Tel-Aviv se ha consolidado como la urbe de las finanzas, los negocios y la diversión. En su territorio habitan pocos oriundos, y un corto paseo por la ciudad introducirá al visitante en los aromas orientales del barrio yemenita, los destartalados bares de vodka de la calle Allenby y las urbanizaciones color salmón ubicadas en primera línea de mar. Tel-Aviv no cuenta con numerosos atractivos turísticos; entre ellos destacan el Museo de la Diáspora, una crónica de la cultura judía en el exilio, y el Museo de Arte de Tel-Aviv. Al finalizar el recorrido cultural, supone un grato aliciente deambular por los mercados del barrio yemenita, tomarse un capuchino y, más tarde, estirarse en la arena de una de las mejores playas de Oriente Próximo.
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